martes, 16 de octubre de 2012

Ocho días de aventura

 

    El primero de enero de 1989, empezaban mis muy esperadas vacaciones. Tres años hacía que estaba esperando ese día.  Me levanté de la cama apenas salió el sol. Desayuné con algunas tostadas y partí en aquel navío rumbo a Europa.
El objetivo de mi viaje era encontrar la ISLA ESCONDIDA.
    Conocí a Victoria, una mujer alta, morena y de ojos color miel que escondían algún secreto, seguro, por la forma en que miraba a cada persona que pasaba por donde estábamos.
    Habían pasado tres días y Victoria seguía teniendo esa mirada misteriosa. Aquella noche la invité después de cenar a dar una vuelta por el barco, ya que al otro día yo tenía que seguir con mi viaje, pero esta vez con un amigo que me esperaba en Londres. Esa noche iba a ser una triste despedida. Me había enamorado de ella.
    Por la tarde del cuatro de enero, me encontré con mi amigo, en un bar. Después de allí nos embarcamos de regreso, para cumplir nuestro objetivo, la Isla Escondida.
Era un barco bastante grande para dos personas, igual eso era lo de menos.
    Seis de enero de 1989, ya la sentíamos, sentíamos que cada día nos acercábamos más. Las ganas de poder estar en la isla, nos daban fuerzas para seguir.
    Esa noche presencié el espectáculo más espantoso de todas mis aventuras. Se desató una fuerte tormenta y el barco empezó a hundirse de a poco. Vi como mi amigo se ahogaba y gritaba desesperado. No podía hacer nada por él, salvaba mi vida o moríamos los dos. Empecé a nadar contra la corriente con todas mis fuerzas. Una vez más elegí mi vida.
    Un día entero estuve nadando, más de una vez pensé en dejar todo y morirme, pero había algo que me decía que siguiera, que un tesoro o una gran sorpresa me esperaban, y no estaba muy lejos.
    Ocho de enero de 1989, vi tierra, era una isla, seguí nadando y nadando, llegué por fin a tierra y sin darme cuenta me dormí, como si me hubiera desmayado. Soñé que era feliz y volvía a casa. Me desperté y la vi, Victoria, yo y la Isla Escondida. Necesitaba eso para sentirme en casa.

                                                              Vigliano, Catalina.

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