domingo, 16 de septiembre de 2012

RECUERDOS DE VACACIONES...


MUY ALTO 

Todo comenzó esa mañana cuando nos subimos a la chata e iniciamos el recorrido por Merlo, San Luis. Subimos por la montaña en auto y llegamos a un mirador en donde teníamos una preciosa vista desde arriba. Yo era muy pequeña, no recuerdo bien mi edad, creo que tenia cuatro años, había ido con mi familia.
Antes de ir al mirador habíamos desayunado en un bar. De más está decir que el aire de allí era fresco y el lugar hermoso y relajante.
Cada vez que pienso en ese paisaje me dan ganas de volver. Recuerdo, que en el hotel  que nos hospedamos había un loro que se llamaba Pepo y al llegar la noche lo soltaban para que volara por el lugar. Un detalle para contar: mi hermano mayor tenía miedo a las alturas. Yo todo lo contrario, me encantan las aventuras por los precipicios.
Disfruté mucho ese viaje, ese mirador en el que paramos estaba a la mitad de la montaña. Luego seguimos y arriba, en la cima, había otro mirador donde la vista era más bella.
Ese viaje para , es irreemplazable, fue muy hermoso y me gustaría volver.


Autora: Aracelli Pichio

lunes, 3 de septiembre de 2012

Una linda tarde en Cuesta Blanca


Esa tarde fue fantástica. Nos dirigimos con Dana, Sofía, Florencia, Celeste y Griselda hacia “Cuesta Blanca”. El camino era corto pero a la vez se hacía largo.
Al llegar dejamos los autos en un estacionamiento. Y emprendimos camino a escalar el cerro.
Todo era muy lindo pero a la vez complicado por la altura y las piedras, no fue nada fácil. Cada vez se hacía más largo, hasta que llegamos a la punta del cerro, allí fue cuando decidimos sacar la foto con mis amigas.
Además miramos el hermoso paisaje que se veía desde allí.
Después seguimos escalando lo que restaba del camino para llegar al punto final.
Allí nos encontramos el hermoso lugar, montañas que rodeaban el grande y cristalino río,  verdes y altos árboles, en fin la paz reinaba en ese lugar.
No alcanzamos a dejar las mochilas, que ya estábamos en el río,  por cierto el agua estaba helada y cristalina, los peces rondaban por allí.
Luego salimos del río y nos sentamos sobre una lona a compartir la merienda.
Al terminar, mientras  Griselda guardaba las cosas, nosotras nos sacábamos fotos, escribíamos en la arena y nos tirábamos agua. ¡Inolvidable!.
En fin, fue una tarde muy divertida junto a mis amigas con las  que disfrutamos y compartimos bellos momentos. No sè cuantas veces más volvería,  porque ese lugar me da paz y tranquilidad, lejos de la rutina que a veces nos rodea.




Un día de verano


Todo empezó una mañana de mucho calor, cuando a mi familia se le ocurrió ir a pasar una tarde en el río, así que cargamos todo en el auto: el mate, las reposeras y los juguetes.
Subimos con mis hermanos, mi abuela, mi papá y mi mamá, y empezamos el viaje.
 Al llegar mis hermanos y yo, corrimos hasta la orilla del río.  Todo era muy hermoso: el pasto, los árboles y el viento. Era la primera vez que había ido, así que nos pusimos el traje  de baño y nos metimos. Mientras jugábamos, salpicándonos agua, mis padres con mi abuela tomaban mate y contaban anécdotas. Ya era tarde, mamá nos llamó a tomar el té, y yo siempre andaba con mi chupete, asì que no quise, y con mi hermano nos sentamos en un tronco a jugar mientras mi papá nos sacaba fotos. Ya estaba anocheciendo... empezamos a cargar todo y partimos rumbo a casa. 
Estábamos tan cansados, que apenas llegamos nos fuimos a dormir, pero recuerdo muy bien que fue un día hermoso que compartimos en familia.


Autora: Carolina Benavidez