miércoles, 7 de septiembre de 2011

Homenaje a la Profesora Elizabeth Andrada


Lo que siempre me recuerda a la profe Eli es la cara, el miedo, los nervios de todos los alumnos cuando va a entregar alguna prueba y las idas al laboratorio. La pregunta de todos los martes a la última hora: ¿Qué hago de comer? El miedo y el silencio de todos los chicos que rogamos que no diga nuestro apellido para pasar al frente a dar la lección. El amor que tiene con sus hijos. Las veces que nos mandamos al frente con las cargadas en su hora, y se va sabiendo todos los chusmerios. Siempre con su pelo bien arreglado, algunas veces tiene sus días y hay otros que se pasa toda la hora riéndose de las cosas que decimos. Así como estos momentos, hay muchísimos.

Apenas con solo dos años de conocerla ya nos acostumbramos: A su forma de  ser…
Cuando es compinche, cuando nos pone esa buena onda ,su sonrisa cada tanto ,su forma de divertirse con nosotros , a su estilo y cada tanto al nuestro, cuando nos dicta muy rápido y le decimos:
-Espere profe!
Y ella responde inmediatamente:
-Deja un renglón y seguí…
reventamos de rabia. Recuerdo que un día fuimos todos al laboratorio a hacer un experimento, al terminar volvimos  al aula y todos empezamos a tirar talco, vinagre, era un completo desastre. Cuando llegó la profe nos retó porque el aula era un gran lío: el piso manchado, las sillas desordenadas. Nos dijo que en la próxima prueba nos iba a bajar dos puntos y todos nos asustamos mucho. Pero hasta en esos momentos sabemos que hay que comprenderla y tratarla con respeto. Y a lo mejor nosotros, ¿No sabemos valorar sus años en la Institución?


Pero año tras año vámonos enriqueciendo con su presencia y con sus consejos. Por todo eso y por mucho más.
                                                                 
Gracias Profe Eli!!!

                                                  2 do Año Promoción 2015!

domingo, 4 de septiembre de 2011

¿Sabías que aquellos cuentos tradicionales infantiles en un principio fueron para adultos?

Los cuentos tradicionales que nos contaron en la infancia en sus comienzos no fueron para niños. Eran narrados para adolescentes y adultos, y la finalidad no era para divertir sino para prevenir y aconsejar para que no ocurrieran hechos trágicos. La mayoría de éstos en su primera versión tenían un final dramático así por ejemplo: "Caperucita Roja" en el final, el lobo la devora sin que nadie la salve. Contenían una moraleja: "NO CONFIAR EN LAS PERSONAS QUE NO CONOCEMOS"